
CANTON BALSAS.
Primeras evidencias
En una pequeña colección exhibida en la Biblioteca pública hay piezas muy interesantes que de inmediato despiertan la curiosidad científica y que ojalá pronto puedan ser interpretadas con rigor académico. La primavera y La esperanza son sitios de fecunda producción arqueológica, en cuyos caminos se levantan piedras con inscripciones centenarias, que protegen lugares donde abundan los restos culturales de cerámica, piedra y metal. Entre ellos destacan una curiosidad detallada en piedra encontradas en Nueva Guinea; los cuerpos geométricos del mismo material, que pudieron servir como manos para moler metales o granos, tienen un pulido extraordinario en todos sus lados, un mortero de gran tamaño quizás usado para refinar arenas metálicas. En el barrio Tinajas se rescataron numerosas piezas de cerámica, en especial cántaros y ollas globulares, que los nativos llaman tinajas y que dan la razón de su nombre; pero asombra una verdadera tinaja, que con forma de zanahoria gigante se elaboraron en la Época Colonial para transportar vinos y aceites.
Esta pieza tiene un sello en su parte superior y sería, si se confirmara este origen, una evidencia excepcional de presencia humana en esos lejanos tiempos. Un minucioso y detenido estudio arqueológico debe hacerse con urgencia en la zona de Balsas – Marcabelí para resolver enigmas y despertar, a lo mejor nuevas incógnitas
ODISEAS.
En 1857: don Agustín Aguilar, parte de Zaruma encabezando una expedición de intrépidos aventureros, con la misión de explorar territorios desconocidos, vírgenes y selváticos, donde se anuncia ia indispensable y codiciada cascarilla amarga. Recorren los ásperos declives de la cordillera y penetran por vez primera en el bosque tropical. Improvisan el ligero campamento, abriendo un claro entre los árboles y encienden fogatas para protegerse y darse abrigo en la noche. Al amanecer regresan, tres años después, por la misma ruta, llegan Francisco Javier y Julián Apolo, esta vez procedentes de Pifias, y toman posesión de las tierras, comenzando de inmediato a sacarles beneficio. Aún siglo anunciaba sus consecuencias depresivas la crisis exportadora de fin del siglo, tan amarga como el sabor de la famosa cascara. La bondadosa fertilidad de las tierras permitió el rápido crecimiento material de los colonos, que no añoraron en traer esposas, hijos, más otros familiares, e incorporar a nuevos aventureros para compartir y labrar esta amplia tierra. En esos tiempos el hombre ecuatoriano estaba dedicado todavía a la conquista de su propia patria y la fuerza de los agitados años previos no estaba aniquilada; más bien debió recuperarse para dar comienzo definitivo al proyecto nacional.
En medio de la vegetación ocupada crecía abundante madera de balsa y en cualquier lugar donde se hacía una limpieza brotaban nuevas plantas del singular árbol. El mismo Agustín Aguilar constató su crecimiento en el sitio que rozaran, cuando regresó años después de su primer encuentro con el destino. De allí había que rendir homenaje a esta maravilla natural y consagrara poniéndole su nombre al pueblo recién creado.
Durante más de medio siglo la propiedad de las tierras estuvo en manos de los primeros colonizadores; aquellos intrépidos aventureros retadores de la selva carentes de asistencias y sólo armados con las herramientas de su voluntad fuerza de carácter y coraje para dominar las inclemencias del tiempo y la naturaleza, a veces incomprensible y siempre caprichosa. No obstante en 1920 llega una nueva oleada de emigrantes originarios de la parroquia San Roque y se apoderan de sitios que hoy constituyen barrios importantes y la misma cabecera cantonal. Apellidos Galarza, Gallarda, Murillo, Romero y otros Apolos darán inicio a sagas y generaciones que son ya la esencia del pueblo de Balsas. De hecho un litigio sobre posesión se entabló de inmediato entre los recién llegados y los primeros colonos; pero muy pronto encontró solución, gracias al espíritu generoso y recíproco de entonces, cuando las necesidades se solucionaban con el concurso de todos y la solidaridad era norma indispensable para sobrevivir. La solución sabia al conflicto les permitió a los no invitados seguir disponiendo el usufructo de las tierras ocupadas más las de Milagro y otras a las que bautizaron como San Roquito en homenaje a su lugar de procedencia. Los viejos colonos quedarían como amos y señores de sus dominios fértiles y bajos, hoy reconocidos con los nombres de Bellamaría, Palmales, La Esperanza y Milagro.
Alain Dubly un especialista francés en demografía interpreta la génesis, 2 veces espontánea de los poblados ecuatorianos: “Las condiciones iníciales de cualquier realización permiten explicar muchos aspectos de su desarrollo, dificultades, éxitos y procesos están contenidos como en un germen, en las circunstancias, limitaciones y promesas del origen.” 33. El inicial proceso migratorio una estancadora diáspora temporal y la ulterior aceleración social esta aguda observación.
En 1939 se levanta la primera iglesia, que pronto asilaría a los soldados ecuatorianos durante el conflicto internacional, y al comenzar la nueva, década una escuela imparte su instrucción a los niños nativos. Las tierras de clima pipiado y de fertilidad extraordinaria, ocupadas por emprendedores y trabajadores hombres, pronto fecundan la bonanza y el auge de sus cultivos; de manera paralela el desarrollo físico y urbano ha caminado con sus ejecutores, que reconocen su derecho a reclamar categoría jurídica para su pueblo. Así nace el proyecto para convertirlo en parroquia, liderado por el sacerdote Guillermo Guzmán Ayora. El Concejo Cantonal de Pinas, bajo la presidencia del Dr. julio B. Gallardo aprueba su creación el 13 de noviembre de 1946, concediéndole un extenso territorio que incluía los caseríos de Marcabelí. Tinajas, La Aldea, San Antonio, El Milagro, La Esperanza y La \ Palma.
La carretera Piedras Marcabelí queda concluida en 1948 con el sacrificio y sudor de todos los vecinos de la zona, incluidos los de Balsas, quienes comprometieron su participación, siempre que el proyecto avanzara con destino final a su querido y solitario poblado. Pero éstos acusan al vecino de que una vez concluido el tramo a Marcabelí, su gente no siguió aportando mano de obra en el trabajo, por lo cual debieron los balseños continuar solos e inaugurar la obra en 1952, sin compañías. Del resentimiento surgió la rivalidad y posteriores enfrentamientos. Porque otra acusación recae sobre los marcabelienses culpándolos de haber interrumpido, con una gran zanja, la carretera que debía salir por donde ellos. Esto obligó a los viajeros de Balsas a abrir la ruta por el camino de Fátima que sale a Naranjos. Con el tiempo (en 1977) este trazado orientó el diseño de la Panamericana, recompensando con creces el esfuerzo invertido. Nos ha faltado tiempo para dilucidar este conflicto y encontrar las razones que deben justificar las dos actuaciones. En todo eso las desavenencias que antes dificultaban la relación de estos dos vitales pueblos, han quedado borradas y la paz se ha restablecido para fortuna de todos los orenses.
Es evidente que un pueblo no es el producto necesario de condiciones físicas: es más bien la realización del proyecto de pobladores, el fruto de la voluntad de sujetos activos. Varias pueden ser las razones que lleven a crear un pueblo en determinado tiempo y lugar. Pero, cuando no hay escasez de agua que obligue a estar junto a un punto de abasto, o situación en un cruce de vías que ofrece la oportunidad de una aglomeración, ésta se explica por la decisión de vencer la distancia en otro aspecto. 34 El aislamiento sufrido por largos años en Balsas y Marcabelí exigiría grandes sacrificios y abundantes dosis de imaginación para superar dificultades y proveerse la parafernalia completa. Luego vendrían las sequías, sus amenazas desintegradoras y las pruebas de fidelidad y amor al terruño.
La siguiente década vio proliferar las obras públicas que su obstinada población exigía a las autoridades nombradas para hacerlas. Estaban convencidos de que los derechos no se los reclama de rodillas, si son concesiones naturales adquiridas por principio jurídico. En 1950 el agua llega por tubería a las llaves; dos años después queda concluida la importante carretera desde Piedras, con todas las controversias anotadas; al siguiente se inaugura una planta hidráulica para generar energía eléctrica; en el 55 llega el servicio de telégrafo y en el 56 la parroquia adquiere la jerarquía eclesiástica, con el nombre de San Francisco de Balsas; nuevas escuelas se fundan para fortuna de la provincia, pues de ellas surgieron cantidades de profesionales, que en la actualidad prestan sus talento en todos los ámbitos de la administración pública, la cátedra universitaria y en empresas privadas.
Las siguientes décadas no fueron, menos prósperas, en los sesentas continuaron las construcciones escolares y mas obras fundamentales de infraestructura, mercado, parque, calles y la torre. Pero casi al finalizar la década, la naturaleza se acuerda de probar nuevamente el temperamento y resistencia del hombre: una brutal sequía asoló el austro ecuatoriano en 1986, volviendo secas y áridas esas tierras antes verdes y floridas, que no vieron caer la lluvia durante casi dos años. Hubo un fugaz aliento de un mes, aprovechado por la ilusionada gente para sembrar sus alimentos, hasta cuando el sol abrasador y el cielo limpio de nubes, les confirmo la tragedia. Los campos no dieron frutos ni pastos, las aves de corral y el ganado morían de sed y hambre. En los pueblos vecinos de Loja los niños comían ansiosos raíces de plantas venenosas y morían, retorcidos en aterradoras convulsiones. La angustia y la impotencia forzaron métodos para sobrevivir, les trajeron banano de la costa y trigo y cebada del extranjero. Se trataba de evitar el éxodo masivo; sin embargo la naturaleza no daba tregua y muchos pobladores debieron resignarse a un inevitable desarraigo y emigrar en busca de auxilio a tierras ajenas. La mayoría fue a Santo Domingo de los Colorados, otros buscaron refugio en solidarias ciudades orenses. Regresaron al finalizar la prolongada emergencia, muchos no lo pudieron hacer y sólo retornan eventualmente a renovar su pertenencia y a recordar los tiempos íntimos. No obstante, el colapso demográfico se sintió fuerte y hubo un descenso notable de población.
Superada la crisis, recuperados capitales y ánimos, continuaron los proyectos en la década de los setentas; aparece el colegio, el sub centro de salud y en 1977, el más decisivo, Balsas se integra a la red internacional de la carretera Panamericana, que definitivamente la incorpora al mundo moderno y a un contacto permanente con los demás pueblos del país; en consecuencia, su vida cultural, económica y social dará un giro trascendental, que imprimirá paso acelerado a su devenir inmediato. Se produce la recuperación demográfica cuando familias enteras llegan por esa vía para radicarse en el clima templado de Balsas, procedentes de Orianga, Chaguarpamba. Santa Rufina, Buenavista y Olmedo, cuyos descendientes ahora componen un amplio porcentaje de sus habitantes. Conseguido el equilibrio entre naturaleza, trabajo y hombres, la vida de este momento ya no será la misma, la repentina velocidad del ritmo de los tiempos y contactos imprimirá su reflejo en la fisonomía del pueblo, sometida ya a la volubilidad de los cambios.
En este momento toma forma una constante particular de nuestro precario medio, mientras la voluntad no basta para empujar todos los objetivos y planes, los minúsculos recursos financieros destinados a solucionar necesidades y ganancias de pequeños pueblos nunca son suficientes. En tanto, las modas y tecnologías innovadoras se filtran a través de la estación del camino, creando nuevas y más onerosas exigencias. La parroquia, totalmente insatisfecha, no se conformaba con el pálido reconocimiento político de su jurisdicción territorial y austeros aportes materiales, que a la postre resultaron poco significativos para sus aspiraciones, mucho más ambiciosas. Al fin de cuentas, no se recibía todo lo que era esperado y deseable de la cabecera. Piñas; demasiado alejada para tantos trámites, y en definitiva, un obstáculo para sus propósitos de autonomía política, que habían alcanzado plena madurez. La autogestión y la lucha popular se convirtieron en único camino al progreso, lugar elegido destino común; entonces, pronto orientaron gestiones para la creación de la categoría superior, dueña de su propia vida apolítica y recursos económicos del cantón. En 1980 se forma el comité pro cantonización. Encarga documentar su petición e iniciar las gestiones directas ante el Congreso, la gestión no provoca eco inmediato, por lo que otros intentos se deberán repetir para lograr su objetivo. Con renovada fuerza el pueblo se vuelca a constituir la Junta Cívica el 30 de junio de 1984, y con las previsiones y experiencia aprendidas vuelven sobre los pasos dados cuatro años atrás. Esta vez con resultados prometedores, cuando la Comisión de Límites visita la parroquia en ese mismo año y en julio del siguiente. Sus conclusiones fueron favorables para los intereses de Balsas. El Congreso, amparado en ese informe elabora el proyecto de cantonización a mediados del siguiente año y lo remite a la Presidencia de la República. Para alargar la incertidumbre, un nuevo traspaso demorará el éxtasis de la población, apurada para celebrar un nuevo éxito.
Las presiones del concejo de Piñas impide la promulgación cuando el presidente veta parcialmente el proyecto arguyendo razones de límites y territoriales. El congreso se allana al veto el 7 de octubre de 1986 y finalmente el 23 de febrero de 1987 el decreto se publica en el registro oficial, creando el duodécimo cantón orense. Un cabildo amplio escogió la fecha de octubre 7 para celebrar su cantonización.
PASAJE A LA MODERNIDAD.
Dubly conoció todo el País y vio cómo una carretera puede caracterizar a los pueblos. Hay unos que están partidos por la carretera, al punto de dividirlo en dos parcialidades definidas, como sucede en la provincia de Chimborazo. Otros han elegido crecer en un costado de las vías, pero siempre está articulación, al mundo exterior, ha influido directamente en sus desarrollos y rumbos, este ejemplo de Balsas con la carretera Panamericana abierta en 1977.
Hay quienes se atreven a sostener que nuestra provincia no tiene sellos, marcados ni identidades. No emendemos porque ruegan u ocultan la diversidad que enriquece. En páginas anteriores describimos Marcabelí, que se levanta pocos a minutos de Balsas, pero tan diferente, que las dos ciudades parecía estar separadas por kilómetros y décadas de distancia. Por cierto las alteridades observadas en nada disminuyen la calidad de la una y la otra, solamente son eso, diferencias. Los científicos sociales de renombre dedican sus densos razonamientos con exclusividad a las fabulosas megalópolis o grandes ciudades, México, Buenos Aires, Sao Paulo. Pero el crecimiento y evolución de las pequeñas ciudades orenses está ajeno a todo el abultado cuerpo teórico referente a estas, y se inscribe en pautas específicas que a nosotros nos corresponde ir aclarando y abstrayendo. Nuestra particular configuración urbana social y antropológica se inscribe en un tránsito singular a la modernidad, la que se desconocen con claridad sus directrices y designios ocultos. Para entender o alentar el fenómeno hay que estar alertados de muchos peligros contenidos en la aceptación sin condiciones del ingreso a la modernidad absorbente, que en última instancia pretende arrastramos a la globalización absoluta. Quienes estudian y quienes viven este proceso deben estar prevenidos de sus posibles desajustes y conflictos, antes de hacer imposibles los arrepentimientos y disidencias.
PRIMER CENTRO CAFETALERO Y AVÍCOLA DE LA PROVINCIA.
Balsas se inclina proyectar una imagen de ciudad moderna, ágil, rica; sin embargo la modernidad con frecuencia requiere de sacrificadas y perdedores, de olvidos innecesarios, y quizás, asumir actitudes arbitrarias, egoístas, pero definitivamente, el modelo termina inspirando la individualidad. Por lo observado, no creemos que en Balsas se hayan alcanzado esos niveles elevados de indiferente individualismo, capaces de desarticular la argamasa social, pero camina a paso ligero hacia la renovación urbana y económica. Para resistir aquel fenómeno rumbo, nos alienta conocer la supervivencia de un convenio tácito, muy funcional, vigente en toda la comunidad, la solidaridad formal.
En 1980 una visión imaginativa, apegada a las rigurosas normas de trabajo prendidas, descubre la alternativa de producción avícola, favorecida por el clima templado del ecosistema. Comenzó una carrera muy particular con la airada puesta en alcanzar cada vez mejores productos y mayores ganancias. Toda empresa, pequeña o grande, dependía de su sola administración y recursos financieros, lo cual generó la competencia, alguna muy fuerte, como la de Nutribal, por sus grandes inversiones. El negocio salió tan rentable que todo mundo, si no puso galpones nuevos, adecuó otros en patios y terrazas. El resultado fue la sobreproducción. A esa epidemia se sumó una fatal para las aves, que fue desarrollada por omisiones y descuidos en el tratamiento de instalaciones. Corolario, crisis y quiebra de muchos inversores. Hoy recuperados, producen 200 000 aves por mes para el mercado nacional, la industria sigue trabajándose en forma individual, sin asistencias ni reciprocidades, al punto en que no han logrado constituir una asociación^ • productores avícolas, como suele haber para otras ramas de la producción.
Por otro lado, se cosecha café de excelente calidad en plantaciones medianas de 20 a 5 hectáreas, repartidas en un juego de equilibrio social, libre de concentraciones latifundistas. De hecho el negocio avícola ha generado fortuna a algunas familias. Y según se observa y lo confirman las informaciones, en Balsas no hay pobreza extrema, al punto en que no han tenido forzosa necesidad de emigrar al extranjero. Por el contrario, se van fomentando nuevos gustos y preferencias, cada vez más sutiles y complejas. La arquitectura moderna con hormigón y aluminio prevalece y desplaza cualquier construcción antigua Son señales de que la gente puede ascender, movilizarse en la escalera social hasta llegar a los eslabones permisibles. No obstante, frente a la progresiva movilidad García Canclini dice: "La movilidad se ha convenido en el factor estratificador más poderoso y codiciado o de todos. 35. Sin formar cinturones de miseria, los pobres que aportan mano de obra vienen de otros sitios; o viven en los barrios del Cantón.
Al margen de la carretera se levantan edificios suntuosos, superando con buen gusto los desniveles del terreno. Hay hoteles grandes, numerosos restaurante y almacenes. Todos apuntando al estilo de vida que han elegido. Las casa antiguas son demolidas sin remordimientos para dar lugar a las sólidas residencias, altas, cómodas y elegantes. Lasque restan van por el mismo camino y sólo esperan financiamiento para convenirse en ejemplares de arquitectura moderna. Con el tiempo, nos dice Simón Romero, Balsas tendrá la fisonomía de las ciudades abiertas al mundo, veloces, sin recuerdos materiales del pasado. Esa carrera no es reciente, se inicio en 1977 con la apertura de la carretera, panamericana, que hoy alimenta un tráfico muy fluido.
Los jóvenes no recuerdan mucho ni extrañan las tradiciones y usos antiguos. Prefieren los consumos universales; practican el deporte como una moda saludable; las chicas son hermosas y visten ropa cómoda, elegante, de moda.
Se entretienen viendo televisión, algunos con antena parabólica y pronto tendrán señal por cable. Han logrado tener extensiones de las universidades de Loja y Máchala, emisora de radio y discado telefónico directo.
Habíamos anunciado la práctica de solidaridad, convertida en costumbre rutinaria cada ocasión en que un ciudadano atraviesa una temporal crisis, necesidad o enfermedad. Denominada caridad, consiste en asistir de manera discriminada los casos indicados, sin condiciones, salvo el compromiso de mantener turnos de reciprocidad. Un cuerpo de voluntarios piadosos y honestos realizan por lo general esta gestión, utilizando diversos medios de convocatoria. La solidaridad como tradición y alternativa de supervivencia tiene raíces muy rotundas en la historia de Balsas, y será muy difícil y lamentable, por cierto, que la omnipresente globalidad la pueda desarraigar.
Pero si acaso la dictadura global es extremadamente absorbente, allí están los símbolos tradiciones y recuerdos, para resistir y mantener la imagen independiente y soberana que todo pueblo quiere y puede conservar.
SÍMBOLOS, PERSONAJES Y LEYENDAS.
Ni una sociedad humana, ni una personalidad humana, pueden ser concebidos en términos funcionales independiente de los sistemas de comunicación simbólicos. 36. En el nivel de la adaptación humana, la representación de sujetos y de acoceamientos de todo tipo desempeña en la conducta total del hombre un panel tan característico como la presencia directa de los objetos y hechos. En especial, cuando los hechos y las actuaciones ya no se expresan de la manera ideal en que fueron concebidos, aparece la representación o la vocación que refrendan esos contenidos primigenios para volverlos cada vez necesarios, vigentes y deseables. También las formas y los procesos simbólicos ciñen de manera característica las motivaciones, los objetivos y la vida afectiva el hombre y de su pueblo. Según sean los mitos, los símbolos y los modelos mentales de cada comunidad, así se deberán proyectar todos sus actores; de allí la prolífica imaginación popular para crearlos y asumirlos.
Por eso aparecen en el imaginario popular los héroes locales, los patriarcas, lideres, madres abnegadas; los acontecimientos, de apariencia trivial para el forastero, pero magnificados para conmemorar instancias trascendentales en la vida de esos pueblos. Y como parte de la controvertida e imperfecta humanidad, también pueden aparecer villanos o antihéroes. Yuxtapuestos los paradigmas, para enmendar o justificar errores y defectos. Siguiendo en breve aproximación teórica, los personajes y sucesos principales en la no tan corta vida de Balsas destacan con sus propios colores y matices.
La cantonización se vuelve un tema obligado en nuestras meridianas tierras, fuente de sus epopeyas particulares, donde se fijan las normas y compromisos individuales, los pactos colectivos, y se justifican las celebraciones, verdaderos rituales invisibles donde se renuevan lealtades básicas. En esa suprema cruzada; sobresalen Juan Vicente Romero, presidente de la Junta; Simón Bolívar Romero, segundo de abordo; el capellán Tulio Gómez, las ejemplares mujeres Irene Apolo y Luz Angélica Alvarado, más toda la tripulación del pueblo, principal actor de toda actuación cívica. Otras instancias aglutinadoras como el Cuerpo de Bomberos y la Pastoral Social dedican parte de su trabajo a atender las necesidades generales.
Los fundadores del siglo XIX son recordados con fervor cívico durante actos públicos y conmemoraciones, refrescando la importancia de la constancia y el valor para todo momento. También resalta José Manuel Apolo, fundador de la Cooperativa de productores de café, cuyo nombre es su insignia aún vigente. Vidal Toledo, el Teniente Político que Inició la vida parroquial. El padre Guillermos Guzman, que dio las primeras bendiciones en la iglesia antes de la guerra. Alejandro Apolo, líder de los choferes fue el primer alcalde. Miguel Bravo lucho sin tregua por el bienestar de sus coterráneos. Surgida del anonimato y de la pobreza, creció en su tiempo la fortaleza cívica y generosa de Polibio Asanza, “Patria” como le decían reconociendo sus cualidades. En nuestros días reluce la lúcida e incansable labor de Simón Romero, soldado de toda batalla y fiel protector del patrimonio histórico y de la memoria colectiva. En la contraportada aparece un comerciante, prestamista de dinero utilizando el sistema de "chulco", con el que pudo acceder a la propiedad de muchas tierras enajenadas, pero que también le costó la vida, cuando fue asesinado en el interior de su hacienda.
Leyendas
La herencia cultural no se aborrece pese a las innovaciones y adaptaciones ingresadas con la novelera transculturalidad. La sociedad ecuatoriana Incrustada en montes y praderas pugna entre la tradición, alimentada" por la necesidad permanente, y el cambio apremiante. Y con rara frecuencia se inclina por ella merced a su carácter funcional y a sus vínculos atávicos. Gracias a eso podemos repetir fábulas, leyendas y usos.
Hay quienes desconocen una alforja, o nunca han cocinado arroz en olla de barro. Viven si no en el Ecuador exclusivo, en el imaginado. Paro en Balsas los viejos, anclados en sus recuerdos, todavía tejen escasas alforjas de hilo, manipulan vasijas con manos agiles, transmiten sencillas y breves memorias. Cuando mueran se llevarán a la tumba sus habilidades y condenarán al olvido las costumbres y narraciones. Antes de eso, reproducimos alguna.
EL ESPANTO DE LA CONEJA.
La coneja es el apodo de Tomás Gallardo, un agricultor del barrio San Roquito aficionado a visitar las noches de Balsas hasta la hora macabra, medianoche, cuando retornaba montado en su caballo con varios tragos encima. Al pasar junto a una hoyada ennegrecida por las sombras de la vegetación espesa, veía surgir la mano negra invitándolo al espanto o quizás a una reflexión. Sin sorpresa ni respuesta Tomás seguía tomando, trasnochando, burlándose de la indeseable seducción.
Cuando había que decir basta, la última noche, por el mismo sendero de vuelta, se le ocurrió acompañarse de Cornelio Galarza y desafiar la oscura amenaza. Acercándose al lugar de la cita funesta, sintieron el peso de un acompañante no invitado sobre las ancas de la bestia, que le anuló la fuerza para seguir, forzándola a doblar sus patas. La inmóvil escena fue sacudida por el fuerte y helado soplo que bajó sonando como una máquina de coser y elevó por los aires a Tomás antes de arrastrarlo hueco arriba por encima de la palizada que guardaba un desmonte. Conocida la noticia el griterío de la gente no demoró, pidiendo auxilio y clemencia.
Las devotas rezaban la oración de las vacas, de la Trinidad y el Rosario y los hombres intentaban rescatar al infortunado de la fuerza sobrenatural, que se empeñaba en llevárselo. Buscaron entonces la inocencia de un niño recién nacido, ya bautizado, para limpiar el sitio con su llanto. Luego de cortar el aire con un machete de acero haciendo formas de cruz y después de golpearlo ruidosamente contra una piedra el hombre fue liberado, (recopilado por Simón Romero)
Primeras evidencias
En una pequeña colección exhibida en la Biblioteca pública hay piezas muy interesantes que de inmediato despiertan la curiosidad científica y que ojalá pronto puedan ser interpretadas con rigor académico. La primavera y La esperanza son sitios de fecunda producción arqueológica, en cuyos caminos se levantan piedras con inscripciones centenarias, que protegen lugares donde abundan los restos culturales de cerámica, piedra y metal. Entre ellos destacan una curiosidad detallada en piedra encontradas en Nueva Guinea; los cuerpos geométricos del mismo material, que pudieron servir como manos para moler metales o granos, tienen un pulido extraordinario en todos sus lados, un mortero de gran tamaño quizás usado para refinar arenas metálicas. En el barrio Tinajas se rescataron numerosas piezas de cerámica, en especial cántaros y ollas globulares, que los nativos llaman tinajas y que dan la razón de su nombre; pero asombra una verdadera tinaja, que con forma de zanahoria gigante se elaboraron en la Época Colonial para transportar vinos y aceites.
Esta pieza tiene un sello en su parte superior y sería, si se confirmara este origen, una evidencia excepcional de presencia humana en esos lejanos tiempos. Un minucioso y detenido estudio arqueológico debe hacerse con urgencia en la zona de Balsas – Marcabelí para resolver enigmas y despertar, a lo mejor nuevas incógnitas
ODISEAS.
En 1857: don Agustín Aguilar, parte de Zaruma encabezando una expedición de intrépidos aventureros, con la misión de explorar territorios desconocidos, vírgenes y selváticos, donde se anuncia ia indispensable y codiciada cascarilla amarga. Recorren los ásperos declives de la cordillera y penetran por vez primera en el bosque tropical. Improvisan el ligero campamento, abriendo un claro entre los árboles y encienden fogatas para protegerse y darse abrigo en la noche. Al amanecer regresan, tres años después, por la misma ruta, llegan Francisco Javier y Julián Apolo, esta vez procedentes de Pifias, y toman posesión de las tierras, comenzando de inmediato a sacarles beneficio. Aún siglo anunciaba sus consecuencias depresivas la crisis exportadora de fin del siglo, tan amarga como el sabor de la famosa cascara. La bondadosa fertilidad de las tierras permitió el rápido crecimiento material de los colonos, que no añoraron en traer esposas, hijos, más otros familiares, e incorporar a nuevos aventureros para compartir y labrar esta amplia tierra. En esos tiempos el hombre ecuatoriano estaba dedicado todavía a la conquista de su propia patria y la fuerza de los agitados años previos no estaba aniquilada; más bien debió recuperarse para dar comienzo definitivo al proyecto nacional.
En medio de la vegetación ocupada crecía abundante madera de balsa y en cualquier lugar donde se hacía una limpieza brotaban nuevas plantas del singular árbol. El mismo Agustín Aguilar constató su crecimiento en el sitio que rozaran, cuando regresó años después de su primer encuentro con el destino. De allí había que rendir homenaje a esta maravilla natural y consagrara poniéndole su nombre al pueblo recién creado.
Durante más de medio siglo la propiedad de las tierras estuvo en manos de los primeros colonizadores; aquellos intrépidos aventureros retadores de la selva carentes de asistencias y sólo armados con las herramientas de su voluntad fuerza de carácter y coraje para dominar las inclemencias del tiempo y la naturaleza, a veces incomprensible y siempre caprichosa. No obstante en 1920 llega una nueva oleada de emigrantes originarios de la parroquia San Roque y se apoderan de sitios que hoy constituyen barrios importantes y la misma cabecera cantonal. Apellidos Galarza, Gallarda, Murillo, Romero y otros Apolos darán inicio a sagas y generaciones que son ya la esencia del pueblo de Balsas. De hecho un litigio sobre posesión se entabló de inmediato entre los recién llegados y los primeros colonos; pero muy pronto encontró solución, gracias al espíritu generoso y recíproco de entonces, cuando las necesidades se solucionaban con el concurso de todos y la solidaridad era norma indispensable para sobrevivir. La solución sabia al conflicto les permitió a los no invitados seguir disponiendo el usufructo de las tierras ocupadas más las de Milagro y otras a las que bautizaron como San Roquito en homenaje a su lugar de procedencia. Los viejos colonos quedarían como amos y señores de sus dominios fértiles y bajos, hoy reconocidos con los nombres de Bellamaría, Palmales, La Esperanza y Milagro.
Alain Dubly un especialista francés en demografía interpreta la génesis, 2 veces espontánea de los poblados ecuatorianos: “Las condiciones iníciales de cualquier realización permiten explicar muchos aspectos de su desarrollo, dificultades, éxitos y procesos están contenidos como en un germen, en las circunstancias, limitaciones y promesas del origen.” 33. El inicial proceso migratorio una estancadora diáspora temporal y la ulterior aceleración social esta aguda observación.
En 1939 se levanta la primera iglesia, que pronto asilaría a los soldados ecuatorianos durante el conflicto internacional, y al comenzar la nueva, década una escuela imparte su instrucción a los niños nativos. Las tierras de clima pipiado y de fertilidad extraordinaria, ocupadas por emprendedores y trabajadores hombres, pronto fecundan la bonanza y el auge de sus cultivos; de manera paralela el desarrollo físico y urbano ha caminado con sus ejecutores, que reconocen su derecho a reclamar categoría jurídica para su pueblo. Así nace el proyecto para convertirlo en parroquia, liderado por el sacerdote Guillermo Guzmán Ayora. El Concejo Cantonal de Pinas, bajo la presidencia del Dr. julio B. Gallardo aprueba su creación el 13 de noviembre de 1946, concediéndole un extenso territorio que incluía los caseríos de Marcabelí. Tinajas, La Aldea, San Antonio, El Milagro, La Esperanza y La \ Palma.
La carretera Piedras Marcabelí queda concluida en 1948 con el sacrificio y sudor de todos los vecinos de la zona, incluidos los de Balsas, quienes comprometieron su participación, siempre que el proyecto avanzara con destino final a su querido y solitario poblado. Pero éstos acusan al vecino de que una vez concluido el tramo a Marcabelí, su gente no siguió aportando mano de obra en el trabajo, por lo cual debieron los balseños continuar solos e inaugurar la obra en 1952, sin compañías. Del resentimiento surgió la rivalidad y posteriores enfrentamientos. Porque otra acusación recae sobre los marcabelienses culpándolos de haber interrumpido, con una gran zanja, la carretera que debía salir por donde ellos. Esto obligó a los viajeros de Balsas a abrir la ruta por el camino de Fátima que sale a Naranjos. Con el tiempo (en 1977) este trazado orientó el diseño de la Panamericana, recompensando con creces el esfuerzo invertido. Nos ha faltado tiempo para dilucidar este conflicto y encontrar las razones que deben justificar las dos actuaciones. En todo eso las desavenencias que antes dificultaban la relación de estos dos vitales pueblos, han quedado borradas y la paz se ha restablecido para fortuna de todos los orenses.
Es evidente que un pueblo no es el producto necesario de condiciones físicas: es más bien la realización del proyecto de pobladores, el fruto de la voluntad de sujetos activos. Varias pueden ser las razones que lleven a crear un pueblo en determinado tiempo y lugar. Pero, cuando no hay escasez de agua que obligue a estar junto a un punto de abasto, o situación en un cruce de vías que ofrece la oportunidad de una aglomeración, ésta se explica por la decisión de vencer la distancia en otro aspecto. 34 El aislamiento sufrido por largos años en Balsas y Marcabelí exigiría grandes sacrificios y abundantes dosis de imaginación para superar dificultades y proveerse la parafernalia completa. Luego vendrían las sequías, sus amenazas desintegradoras y las pruebas de fidelidad y amor al terruño.
La siguiente década vio proliferar las obras públicas que su obstinada población exigía a las autoridades nombradas para hacerlas. Estaban convencidos de que los derechos no se los reclama de rodillas, si son concesiones naturales adquiridas por principio jurídico. En 1950 el agua llega por tubería a las llaves; dos años después queda concluida la importante carretera desde Piedras, con todas las controversias anotadas; al siguiente se inaugura una planta hidráulica para generar energía eléctrica; en el 55 llega el servicio de telégrafo y en el 56 la parroquia adquiere la jerarquía eclesiástica, con el nombre de San Francisco de Balsas; nuevas escuelas se fundan para fortuna de la provincia, pues de ellas surgieron cantidades de profesionales, que en la actualidad prestan sus talento en todos los ámbitos de la administración pública, la cátedra universitaria y en empresas privadas.
Las siguientes décadas no fueron, menos prósperas, en los sesentas continuaron las construcciones escolares y mas obras fundamentales de infraestructura, mercado, parque, calles y la torre. Pero casi al finalizar la década, la naturaleza se acuerda de probar nuevamente el temperamento y resistencia del hombre: una brutal sequía asoló el austro ecuatoriano en 1986, volviendo secas y áridas esas tierras antes verdes y floridas, que no vieron caer la lluvia durante casi dos años. Hubo un fugaz aliento de un mes, aprovechado por la ilusionada gente para sembrar sus alimentos, hasta cuando el sol abrasador y el cielo limpio de nubes, les confirmo la tragedia. Los campos no dieron frutos ni pastos, las aves de corral y el ganado morían de sed y hambre. En los pueblos vecinos de Loja los niños comían ansiosos raíces de plantas venenosas y morían, retorcidos en aterradoras convulsiones. La angustia y la impotencia forzaron métodos para sobrevivir, les trajeron banano de la costa y trigo y cebada del extranjero. Se trataba de evitar el éxodo masivo; sin embargo la naturaleza no daba tregua y muchos pobladores debieron resignarse a un inevitable desarraigo y emigrar en busca de auxilio a tierras ajenas. La mayoría fue a Santo Domingo de los Colorados, otros buscaron refugio en solidarias ciudades orenses. Regresaron al finalizar la prolongada emergencia, muchos no lo pudieron hacer y sólo retornan eventualmente a renovar su pertenencia y a recordar los tiempos íntimos. No obstante, el colapso demográfico se sintió fuerte y hubo un descenso notable de población.
Superada la crisis, recuperados capitales y ánimos, continuaron los proyectos en la década de los setentas; aparece el colegio, el sub centro de salud y en 1977, el más decisivo, Balsas se integra a la red internacional de la carretera Panamericana, que definitivamente la incorpora al mundo moderno y a un contacto permanente con los demás pueblos del país; en consecuencia, su vida cultural, económica y social dará un giro trascendental, que imprimirá paso acelerado a su devenir inmediato. Se produce la recuperación demográfica cuando familias enteras llegan por esa vía para radicarse en el clima templado de Balsas, procedentes de Orianga, Chaguarpamba. Santa Rufina, Buenavista y Olmedo, cuyos descendientes ahora componen un amplio porcentaje de sus habitantes. Conseguido el equilibrio entre naturaleza, trabajo y hombres, la vida de este momento ya no será la misma, la repentina velocidad del ritmo de los tiempos y contactos imprimirá su reflejo en la fisonomía del pueblo, sometida ya a la volubilidad de los cambios.
En este momento toma forma una constante particular de nuestro precario medio, mientras la voluntad no basta para empujar todos los objetivos y planes, los minúsculos recursos financieros destinados a solucionar necesidades y ganancias de pequeños pueblos nunca son suficientes. En tanto, las modas y tecnologías innovadoras se filtran a través de la estación del camino, creando nuevas y más onerosas exigencias. La parroquia, totalmente insatisfecha, no se conformaba con el pálido reconocimiento político de su jurisdicción territorial y austeros aportes materiales, que a la postre resultaron poco significativos para sus aspiraciones, mucho más ambiciosas. Al fin de cuentas, no se recibía todo lo que era esperado y deseable de la cabecera. Piñas; demasiado alejada para tantos trámites, y en definitiva, un obstáculo para sus propósitos de autonomía política, que habían alcanzado plena madurez. La autogestión y la lucha popular se convirtieron en único camino al progreso, lugar elegido destino común; entonces, pronto orientaron gestiones para la creación de la categoría superior, dueña de su propia vida apolítica y recursos económicos del cantón. En 1980 se forma el comité pro cantonización. Encarga documentar su petición e iniciar las gestiones directas ante el Congreso, la gestión no provoca eco inmediato, por lo que otros intentos se deberán repetir para lograr su objetivo. Con renovada fuerza el pueblo se vuelca a constituir la Junta Cívica el 30 de junio de 1984, y con las previsiones y experiencia aprendidas vuelven sobre los pasos dados cuatro años atrás. Esta vez con resultados prometedores, cuando la Comisión de Límites visita la parroquia en ese mismo año y en julio del siguiente. Sus conclusiones fueron favorables para los intereses de Balsas. El Congreso, amparado en ese informe elabora el proyecto de cantonización a mediados del siguiente año y lo remite a la Presidencia de la República. Para alargar la incertidumbre, un nuevo traspaso demorará el éxtasis de la población, apurada para celebrar un nuevo éxito.
Las presiones del concejo de Piñas impide la promulgación cuando el presidente veta parcialmente el proyecto arguyendo razones de límites y territoriales. El congreso se allana al veto el 7 de octubre de 1986 y finalmente el 23 de febrero de 1987 el decreto se publica en el registro oficial, creando el duodécimo cantón orense. Un cabildo amplio escogió la fecha de octubre 7 para celebrar su cantonización.
PASAJE A LA MODERNIDAD.
Dubly conoció todo el País y vio cómo una carretera puede caracterizar a los pueblos. Hay unos que están partidos por la carretera, al punto de dividirlo en dos parcialidades definidas, como sucede en la provincia de Chimborazo. Otros han elegido crecer en un costado de las vías, pero siempre está articulación, al mundo exterior, ha influido directamente en sus desarrollos y rumbos, este ejemplo de Balsas con la carretera Panamericana abierta en 1977.
Hay quienes se atreven a sostener que nuestra provincia no tiene sellos, marcados ni identidades. No emendemos porque ruegan u ocultan la diversidad que enriquece. En páginas anteriores describimos Marcabelí, que se levanta pocos a minutos de Balsas, pero tan diferente, que las dos ciudades parecía estar separadas por kilómetros y décadas de distancia. Por cierto las alteridades observadas en nada disminuyen la calidad de la una y la otra, solamente son eso, diferencias. Los científicos sociales de renombre dedican sus densos razonamientos con exclusividad a las fabulosas megalópolis o grandes ciudades, México, Buenos Aires, Sao Paulo. Pero el crecimiento y evolución de las pequeñas ciudades orenses está ajeno a todo el abultado cuerpo teórico referente a estas, y se inscribe en pautas específicas que a nosotros nos corresponde ir aclarando y abstrayendo. Nuestra particular configuración urbana social y antropológica se inscribe en un tránsito singular a la modernidad, la que se desconocen con claridad sus directrices y designios ocultos. Para entender o alentar el fenómeno hay que estar alertados de muchos peligros contenidos en la aceptación sin condiciones del ingreso a la modernidad absorbente, que en última instancia pretende arrastramos a la globalización absoluta. Quienes estudian y quienes viven este proceso deben estar prevenidos de sus posibles desajustes y conflictos, antes de hacer imposibles los arrepentimientos y disidencias.
PRIMER CENTRO CAFETALERO Y AVÍCOLA DE LA PROVINCIA.
Balsas se inclina proyectar una imagen de ciudad moderna, ágil, rica; sin embargo la modernidad con frecuencia requiere de sacrificadas y perdedores, de olvidos innecesarios, y quizás, asumir actitudes arbitrarias, egoístas, pero definitivamente, el modelo termina inspirando la individualidad. Por lo observado, no creemos que en Balsas se hayan alcanzado esos niveles elevados de indiferente individualismo, capaces de desarticular la argamasa social, pero camina a paso ligero hacia la renovación urbana y económica. Para resistir aquel fenómeno rumbo, nos alienta conocer la supervivencia de un convenio tácito, muy funcional, vigente en toda la comunidad, la solidaridad formal.
En 1980 una visión imaginativa, apegada a las rigurosas normas de trabajo prendidas, descubre la alternativa de producción avícola, favorecida por el clima templado del ecosistema. Comenzó una carrera muy particular con la airada puesta en alcanzar cada vez mejores productos y mayores ganancias. Toda empresa, pequeña o grande, dependía de su sola administración y recursos financieros, lo cual generó la competencia, alguna muy fuerte, como la de Nutribal, por sus grandes inversiones. El negocio salió tan rentable que todo mundo, si no puso galpones nuevos, adecuó otros en patios y terrazas. El resultado fue la sobreproducción. A esa epidemia se sumó una fatal para las aves, que fue desarrollada por omisiones y descuidos en el tratamiento de instalaciones. Corolario, crisis y quiebra de muchos inversores. Hoy recuperados, producen 200 000 aves por mes para el mercado nacional, la industria sigue trabajándose en forma individual, sin asistencias ni reciprocidades, al punto en que no han logrado constituir una asociación^ • productores avícolas, como suele haber para otras ramas de la producción.
Por otro lado, se cosecha café de excelente calidad en plantaciones medianas de 20 a 5 hectáreas, repartidas en un juego de equilibrio social, libre de concentraciones latifundistas. De hecho el negocio avícola ha generado fortuna a algunas familias. Y según se observa y lo confirman las informaciones, en Balsas no hay pobreza extrema, al punto en que no han tenido forzosa necesidad de emigrar al extranjero. Por el contrario, se van fomentando nuevos gustos y preferencias, cada vez más sutiles y complejas. La arquitectura moderna con hormigón y aluminio prevalece y desplaza cualquier construcción antigua Son señales de que la gente puede ascender, movilizarse en la escalera social hasta llegar a los eslabones permisibles. No obstante, frente a la progresiva movilidad García Canclini dice: "La movilidad se ha convenido en el factor estratificador más poderoso y codiciado o de todos. 35. Sin formar cinturones de miseria, los pobres que aportan mano de obra vienen de otros sitios; o viven en los barrios del Cantón.
Al margen de la carretera se levantan edificios suntuosos, superando con buen gusto los desniveles del terreno. Hay hoteles grandes, numerosos restaurante y almacenes. Todos apuntando al estilo de vida que han elegido. Las casa antiguas son demolidas sin remordimientos para dar lugar a las sólidas residencias, altas, cómodas y elegantes. Lasque restan van por el mismo camino y sólo esperan financiamiento para convenirse en ejemplares de arquitectura moderna. Con el tiempo, nos dice Simón Romero, Balsas tendrá la fisonomía de las ciudades abiertas al mundo, veloces, sin recuerdos materiales del pasado. Esa carrera no es reciente, se inicio en 1977 con la apertura de la carretera, panamericana, que hoy alimenta un tráfico muy fluido.
Los jóvenes no recuerdan mucho ni extrañan las tradiciones y usos antiguos. Prefieren los consumos universales; practican el deporte como una moda saludable; las chicas son hermosas y visten ropa cómoda, elegante, de moda.
Se entretienen viendo televisión, algunos con antena parabólica y pronto tendrán señal por cable. Han logrado tener extensiones de las universidades de Loja y Máchala, emisora de radio y discado telefónico directo.
Habíamos anunciado la práctica de solidaridad, convertida en costumbre rutinaria cada ocasión en que un ciudadano atraviesa una temporal crisis, necesidad o enfermedad. Denominada caridad, consiste en asistir de manera discriminada los casos indicados, sin condiciones, salvo el compromiso de mantener turnos de reciprocidad. Un cuerpo de voluntarios piadosos y honestos realizan por lo general esta gestión, utilizando diversos medios de convocatoria. La solidaridad como tradición y alternativa de supervivencia tiene raíces muy rotundas en la historia de Balsas, y será muy difícil y lamentable, por cierto, que la omnipresente globalidad la pueda desarraigar.
Pero si acaso la dictadura global es extremadamente absorbente, allí están los símbolos tradiciones y recuerdos, para resistir y mantener la imagen independiente y soberana que todo pueblo quiere y puede conservar.
SÍMBOLOS, PERSONAJES Y LEYENDAS.
Ni una sociedad humana, ni una personalidad humana, pueden ser concebidos en términos funcionales independiente de los sistemas de comunicación simbólicos. 36. En el nivel de la adaptación humana, la representación de sujetos y de acoceamientos de todo tipo desempeña en la conducta total del hombre un panel tan característico como la presencia directa de los objetos y hechos. En especial, cuando los hechos y las actuaciones ya no se expresan de la manera ideal en que fueron concebidos, aparece la representación o la vocación que refrendan esos contenidos primigenios para volverlos cada vez necesarios, vigentes y deseables. También las formas y los procesos simbólicos ciñen de manera característica las motivaciones, los objetivos y la vida afectiva el hombre y de su pueblo. Según sean los mitos, los símbolos y los modelos mentales de cada comunidad, así se deberán proyectar todos sus actores; de allí la prolífica imaginación popular para crearlos y asumirlos.
Por eso aparecen en el imaginario popular los héroes locales, los patriarcas, lideres, madres abnegadas; los acontecimientos, de apariencia trivial para el forastero, pero magnificados para conmemorar instancias trascendentales en la vida de esos pueblos. Y como parte de la controvertida e imperfecta humanidad, también pueden aparecer villanos o antihéroes. Yuxtapuestos los paradigmas, para enmendar o justificar errores y defectos. Siguiendo en breve aproximación teórica, los personajes y sucesos principales en la no tan corta vida de Balsas destacan con sus propios colores y matices.
La cantonización se vuelve un tema obligado en nuestras meridianas tierras, fuente de sus epopeyas particulares, donde se fijan las normas y compromisos individuales, los pactos colectivos, y se justifican las celebraciones, verdaderos rituales invisibles donde se renuevan lealtades básicas. En esa suprema cruzada; sobresalen Juan Vicente Romero, presidente de la Junta; Simón Bolívar Romero, segundo de abordo; el capellán Tulio Gómez, las ejemplares mujeres Irene Apolo y Luz Angélica Alvarado, más toda la tripulación del pueblo, principal actor de toda actuación cívica. Otras instancias aglutinadoras como el Cuerpo de Bomberos y la Pastoral Social dedican parte de su trabajo a atender las necesidades generales.
Los fundadores del siglo XIX son recordados con fervor cívico durante actos públicos y conmemoraciones, refrescando la importancia de la constancia y el valor para todo momento. También resalta José Manuel Apolo, fundador de la Cooperativa de productores de café, cuyo nombre es su insignia aún vigente. Vidal Toledo, el Teniente Político que Inició la vida parroquial. El padre Guillermos Guzman, que dio las primeras bendiciones en la iglesia antes de la guerra. Alejandro Apolo, líder de los choferes fue el primer alcalde. Miguel Bravo lucho sin tregua por el bienestar de sus coterráneos. Surgida del anonimato y de la pobreza, creció en su tiempo la fortaleza cívica y generosa de Polibio Asanza, “Patria” como le decían reconociendo sus cualidades. En nuestros días reluce la lúcida e incansable labor de Simón Romero, soldado de toda batalla y fiel protector del patrimonio histórico y de la memoria colectiva. En la contraportada aparece un comerciante, prestamista de dinero utilizando el sistema de "chulco", con el que pudo acceder a la propiedad de muchas tierras enajenadas, pero que también le costó la vida, cuando fue asesinado en el interior de su hacienda.
Leyendas
La herencia cultural no se aborrece pese a las innovaciones y adaptaciones ingresadas con la novelera transculturalidad. La sociedad ecuatoriana Incrustada en montes y praderas pugna entre la tradición, alimentada" por la necesidad permanente, y el cambio apremiante. Y con rara frecuencia se inclina por ella merced a su carácter funcional y a sus vínculos atávicos. Gracias a eso podemos repetir fábulas, leyendas y usos.
Hay quienes desconocen una alforja, o nunca han cocinado arroz en olla de barro. Viven si no en el Ecuador exclusivo, en el imaginado. Paro en Balsas los viejos, anclados en sus recuerdos, todavía tejen escasas alforjas de hilo, manipulan vasijas con manos agiles, transmiten sencillas y breves memorias. Cuando mueran se llevarán a la tumba sus habilidades y condenarán al olvido las costumbres y narraciones. Antes de eso, reproducimos alguna.
EL ESPANTO DE LA CONEJA.
La coneja es el apodo de Tomás Gallardo, un agricultor del barrio San Roquito aficionado a visitar las noches de Balsas hasta la hora macabra, medianoche, cuando retornaba montado en su caballo con varios tragos encima. Al pasar junto a una hoyada ennegrecida por las sombras de la vegetación espesa, veía surgir la mano negra invitándolo al espanto o quizás a una reflexión. Sin sorpresa ni respuesta Tomás seguía tomando, trasnochando, burlándose de la indeseable seducción.
Cuando había que decir basta, la última noche, por el mismo sendero de vuelta, se le ocurrió acompañarse de Cornelio Galarza y desafiar la oscura amenaza. Acercándose al lugar de la cita funesta, sintieron el peso de un acompañante no invitado sobre las ancas de la bestia, que le anuló la fuerza para seguir, forzándola a doblar sus patas. La inmóvil escena fue sacudida por el fuerte y helado soplo que bajó sonando como una máquina de coser y elevó por los aires a Tomás antes de arrastrarlo hueco arriba por encima de la palizada que guardaba un desmonte. Conocida la noticia el griterío de la gente no demoró, pidiendo auxilio y clemencia.
Las devotas rezaban la oración de las vacas, de la Trinidad y el Rosario y los hombres intentaban rescatar al infortunado de la fuerza sobrenatural, que se empeñaba en llevárselo. Buscaron entonces la inocencia de un niño recién nacido, ya bautizado, para limpiar el sitio con su llanto. Luego de cortar el aire con un machete de acero haciendo formas de cruz y después de golpearlo ruidosamente contra una piedra el hombre fue liberado, (recopilado por Simón Romero)